Contra más pasa el tiempo, más
comprendo el motivo de todo esto, la explicación que me lleva a querer cada día
estar más y más preparado.
Necesito escapar, ahuyentarme de la
estupidez humana, de la mía propia. Me sobra la hipocresía de todo el mundo, el
desastre diario que me acompaña. Me quema el egoísmo gratuito, la falsa
modestia, los errores que se repiten una y otra vez.
Me siento como un espejismo borroso
dentro de un cuadro grotesco y cada vez comprendo menos, cada vez aguanto
menos.
No me queda otra que seguir sonriendo
mientras el peso de la realidad me ahoga tanto, tanto, que necesito perderme en
la montaña durante horas para pensar que aunque sea por un momento, no todo
está tan podrido.
Es entonces cuando me siento bien de
verdad, cuando estoy solo conmigo mismo frente a algo tan básico como puede ser
mejorar la condición física.
Últimamente necesito demasiado no
pensar en nada.
Sinceramente, hay una parte de mí que
no quiere que esto acabe nunca, no me imagino una forma de ser feliz que no sea
preparando un Ironman.

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