Quiero dejar constancia, más que para el resto
para mí mismo, de mis planes a largo plazo.
Tengo en mente desde hace ya un tiempo realizar un
Ironman (triathlon de larga distancia) que consta de 3,8km a nado + 180km en
bici + 42km corriendo, todo ello en menos de 17 horas.
¿Por qué? Son muchos los motivos, y no paran de
aparecer cada día más.
El primer motivo es que estoy perdido, y pienso que
este camino, de algún modo, me llevará a encontrarme a mí mismo. A parte, existe
la necesidad de sentir que puedo ser aquello que me proponga y que todos los
“no podrás” no son más que muros de hormigón cobarde que yo mismo construyo.
Quiero descubrir y traspasar las barreras de lo
imposible, quiero reírme de dolor, llorar de felicidad y tener motivos más que
suficientes para sentarme y descansar.
Necesito mantenerme con los ojos puestos en un
objetivo para no equivocarme de andén, necesito vivir para esto, desvivirme por
esto.
Necesito expresar un sentimiento tan brutal que me
desborde.
Quiero tener un pequeño apartado egoísta dentro de
mi vida, ese lugar donde no tenga que dar nada a nadie, ni actuar para los
demás. Quiero mi historia, mi reto particular, mi sacrificio individual y sobre
todo, quiero y ansío mi momento de gloria, esos últimos 100 metros donde poder
experimentar todo el cúmulo de lo vivido durante el tiempo que transcurre desde
hoy, hasta el día en el que finalice un Ironman.
Soy consciente de que me queda un largo camino por
delante, muchísimos entrenamientos, algunas cosas que tengo que dejar y otras
tantas que tengo que intentar mantener, pero oye, no tengo nada mejor que
hacer.
Tan sólo quiero sentirme orgulloso de un pasado que
pueda recordar durante toda mi vida.
Y así, con el futuro claro, intentar no perderme
en el presente.
A propósito de ser Ironman,
Javier Santamaría Santisteban
Del 2014 al 2015

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